Lun 8 Sep 2008
Cafeterías con camareros y gatos, lo último en Japón
Publicado por Elena.
Relacionado con: Actualidad, Gatos
Que los animales son un bálsamo para la soledad de muchas personas no es ningún secreto. Lo vemos cada día en nuestras calles, donde personas mayores pasean a sus perritos o compran comida para los gatos que les acompañan en casa. En Japón, un tercio de la población vive sola y esa es una de las causas, al parecer, de amor que su sociedad profesa a los animales.
Las cafeterías en las que, además de camareros que les atienden, los clientes pueden disfrutar de la compañía y el cariño de un grupo de gatos son el último grito y, según parece, están teniendo un gran éxito. Por 500 yenes (unos 4,5 dólares), quien lo desee puede pasar media hora rodeado de gatos y consumir un refresco, té, café, zumo o incluso cerveza. Cada 10 minutos adicionales cuestan 150 yenes (1 dólar). Eso sí, de momento, estos establecimientos no sirven comida.
Aunque parezca contradictorio, no se admite la entrada de los animales de los clientes, que antes de acercarse a los felinos deben lavarse las manos con un jabón especial y alcohol, para preservar la higiene. Los gatos que “trabajan” en estas cafeterías tienen edades comprendidas entre los tres meses y los tres años aproximadamente.

La idea sin embargo es originaria de Taiwan, desde donde se importó hasta Osaka hace ya cuatro años. En la actualidad, sólo en Tokio existen alrededor de 20 establecimientos de este tipo. Y es que en muchas casas de la capital, está prohibido tener mascotas y ésta es la única forma que encuentran muchos de sus habitantes para relajarse y disfrutar de la compañía de estos animales. Sin embargo, también quienes poseen gatos suelen visitar estas cafeterías, ya que durante su estancia pueden conversar con otros propietarios porque, a diferencia de los perros, los gatos no salen a pasear y es más difícil relacionarse con otras personas que también los tengan.
Lo que no sabemos es qué sucede con estos gatos cuando superan la edad establecida, los tres años. Esperamos que los dueños de estos peculiares bares piensen en el futuro de sus “empleados” y cuiden de ellos también cuando dejen de ofrecer sus servicios.
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