Bill Clintón con su gato, Socks 

Vivir a cuerpo de rey. Para algunas mascotas, esta expresión en cierta literalmente. Nos referimos a aquellos animales que comparten su vida con monarcas o personas tan relevantes como presidentes del gobierno o altos mandatarios. La afición de estos personajes por los animales no es una moda. Muchas pinturas de siglos pasados ya lo reflejaban.


Un claro ejemplo es uno de los retratos realizados por el pintor Francisco de Goya a la Duquesa de Alba, en el siglo XVIII, en el que aparecía junto a su caniche, uno de los perros más codiciados por los miembros de la realeza en aquella época. En la actualidad, el monarca más destacado por su afición a los canes es la reina Isabel II de Inglaterra, que ha tenido 90 perros de la raza Corgi Galés Pembrok e incluso el primero de ellos la acompañó en su luna de miel.

Ejemplar de Corgie Galés

Estos afortunados animales pueden disfrutar de un salón en el palacio de Buckingham y hasta de un collar de plata con correa de oro de Cartier, además de gozar de una alimentación privilegiada. Pero no menos atenciones reciben las mascotas que desde hace años acompañan a sus dueños en la Casa Blanca. Tanto es así que en 1999, se inauguró el Museo de las Mascotas Presidenciales, dedicado a los animales de los presidentes norteamericanos que han residido allí desde 1953.

Uno de los primeros en darse a conocer fue el terrier galés del hijo de Robert Kennedy, al que después siguió –entre otros- Socks, el gato de Bill Clinton, que incluso publicó un libro sobre sus vivencias como el primer gato de la nación. A día de hoy, la familia Bush cuenta con dos terrier escoceses, Beazly y Barney, que pronto comenzarán a hacer las maletas para mudarse junto a sus dueños.

En Europa no podían ser menos y por eso algunos políticos de relevancia también han aparecido públicamente junto a sus mascotas, como el expresidentes de Rusia Vladimir Putin, con su perra Koni. El tema es interesante y da para mucho, incluso para escribir un libro como el de la escritora Katherine McDonogh, “Perros y gatos reinantes”, que recorre la historia de las mascotas en palacio desde la época del Renacimiento.