Galgos 

Unos 2.500 galgos al año son robados anualmente de los que solo se recupera el 2%, es la afirmación de la Federación de Caza con Galgo de Castilla La Mancha. Andalucía, Extremadura, Castilla La Mancha y Castilla León son los lugares donde se producen estos robos, donde es común la caza con galgo.

Los perros los roban en alguna de estas comunidades y se transportan al resto sin dejar rastro, donde son vendidos por importantes cantiadades de dinero. «Los perros robados, pueden valer desde 1.200 euros hasta 12.000. Un campeón vale un dineral y en algunos casos son robados por encargo». Declara el sargento del Seprona Alfredo Sánchez.

En lo que va de año 21 galgos han sido robados en Albacete; no se ha recuperado ninguno. Normalmente, para imposibilitar la identificación, les quitan el microchip. Las detenciones sobre estos casos son prácticamente fortuitas. «El robo de galgos es habitual y mueve mucho dinero -explica el sargento Sánchez-, el pasado año recuperamos un campeón de España. El perro había sido robado en Castilla-León y hay un imputado penal por esta causa, que es de Albacete».

La persecución de estos delincuentes es muy costosa; los chips se eliminan con facilidad. «El microchip va en el cuello y lo que hacen generalmente es destruirlo con unos alicates y en algunos casos les hacen un corte y se lo sacan. Hay gente que pone un segundo microchip, en lugar del obligatorio, pero tampoco funciona, porque habitualmente quien roba un perro posee un lector de microchips y también lo detecta. El microchip es una buena medida, pero no tan eficaz como debería». La mejor medida hasta el momento es el hacerle un tatuaje en la oreja al animal, según recomienda la Federación de Caza.

Galga con pedigri 

Otro de los problemas es la detención de estos delincuentes; cuando ha pasado un tiempo desde que se produjo el robo es más difícil de demostrar. «Si no lo pillas con las manos en la masa, el delincuente puede decir que se ha encontrado el perro o que lo ha comprado y al haber pasado tiempo es muy difícil demostrar lo contrario. De esta forma, sólo se comete un delito de receptación, cuya pena es mucho más baja», informa Alfredo Sánchez.

El robo de galgos es un delito contra el patrimonio, que no tiene que ver con el furtivismo, aunque luego esos perros sea usados para la caza furtiva. De esta forma consiguen los ladrones un perro con un nuevo microchip, lo ponen a su nombre y de esta forma tienen un buen perro de caza que lleva sus años prepararlo.

Si quitar un microchip a un perro puede parecer algo sencillo, el llevar un galgo sin identificación no es problemático, ya que sólo acarrea una multa de 90 euros.

Esta situación resulta indignante a los cazadores con galgo que practican su deporte dentro de la legalidad en su mayoría; ven desaparecer sus perros sin poder hacer nada para evitarlo. «Cuando te roban los perros te quedas hecho polvo, por el valor sentimental que tienen y porque se cargan años de trabajo, en lo que a crianza se refiere. Muchos abandonan un deporte que les apasiona, después de un robo de estas características. Están impunes, porque el robo de galgos no está penalizado, ni perseguido», declara Ángel Pérez, delegado de la Federación en Albacete.

 Pareja de Galgos

Desde la Federación se quiere trabajar con el Ministerio de Agricultura y Pesca y Medio Ambiente para tratar de solucionar este problema. «Hay muchas cosas por hacer -explica Ángel Pérez-, pero nos vamos a centrar en lo que se refiere a los robos de galgo y al furtivismo, a intentar tipificar y organizar un seguimiento que sea realmente efectivo, que no sea el microchip, que se controlen los animales desde las camadas, desde la monta, para que luego no se produzcan esas aberraciones que se oyen».