Ejemplar de pato colorado

La Sociedad Española de Ornitología, fundada en 1954 y dedicada al estudio y la conservación de las aves y de la naturaleza, elige anualmente a una especie para llamar la atención sobre la delicada situación en la que se encuentra. Desde 1989, ha simbolizado algunas de las amenazas más significativas que sufre la avifauna de nuestro país.

Y las principales amenazas a las que se enfrenta el pato colorado son, sin duda, la degradación de su hábitat, que no es otro que los humedales españoles, y la contaminación. Catalogada por el Libro Rojo de las aves de España como especie vulnerable, esta anátida que en sus mejores años puede llegar a alcanzar las 4.000 parejas, cría sobre todo en las marismas del Guadalquivir, lagunas de La Mancha, Albufera de Valencia, lagunas litorales de Alicante y delta del Ebro, aunque ocasionalmente puede encontrarse en Aragón, La Rioja, Murcia, Extremadura, Madrid, Navarra y Baleares.

La agricultura intensiva y los vertidos de fertilizantes y plaguicidas, hacen disminuir considerablemente la calidad de las aguas de los humedales y propician la desaparición de plantas sumergidas, principal fuente de alimento de la especie. Habitualmente, los márgenes sirven de lugar de cría y refugio, pero el sobrepastoreo y la quema incontrolada degradan la vegetación y hacen que las zonas de reproducción e invernada escaseen.

Los humedales están seriamente degradados

Finalmente, el pato colorado también debe enfrentarse a las actividades recreativas y cinegéticas, que ejercen una excesiva presión sobre esta población. En algunas comunidades, como Valencia o Cataluña, no existen cupos máximos y esto, unido al uso de munición de plomo que resulta tóxica tanto para las aves como para los seres humanos, ha contribuido a que sea declarada una especie cinegética en un delicado estado de conservación.

Un Real Decreto aprobado por el gobierno Español, encaminado a lograr la eliminación progresiva de la munición de plomo en los humedales, y el plan de manejo aprobado por la Comisión Europea pueden ayudar a salvar la especie, pero para ello es necesaria la implicación de las diferentes administraciones regionales, que deberían preocuparse por la conservación de estas zonas, tal y como obliga la directiva Marco del Agua. Más aún si tenemos en cuenta que estos humedales son sitios Ramsar y se encuentran en el interior de algún espacio de la Red Natura 2000.

El pato colorado, ave del año 2008

En un estudio realizado sobre 25 humedales españoles durante los últimos 15 años, las marismas de Santoña (Cantabria), las lagunas de Villafáfila (Zamora), el embalse de Sierra Brava (Cáceres), la albufera de Mallorca y las lagunas de la Nava y Boada (Palencia), fueron calificados como los humedales mejor conservados. En un nivel intermedio se situaban los más importantes, como Doñana y el delta del Ebro, mientras que los datos más desfavorables pertenecían a las Tablas de Daimiel (Ciudad Real), la Laguna de Gallocanta (Aragón), la Albufera de Valencia, el Hondo (Alicante), el Mar Menor (Murcia) y el embalse de Orellana (Badajoz). La sobreexplotación de recursos hídricos, la contaminación, las molestias humanas, el urbanismo, las especies invasoras y algunos efectos derivados del cambio climático, como las sequías, entre otros, contribuyen a empeorar la situación.