Ejemplar de mariposa monarca 

Los nueve mese que llegan a vivir, junto a las migraciones de alrededor de 5.000 kilómetros que realizan cada año, convierten a la mariposa monarca en un lepidóptero muy singular. Su color naranja ocre es otra de las peculiaridades destacables.

Huir de las fuertes heladas es la motivación que lleva a estas mariposas a recorrer la distancia existente entre la frontera de Estados Unidos y Canadá hasta México, donde los bosques de oyamel le sirven de hogar para la hibernación y el apareamiento antes de regresar al punto de partida, cuando las temperaturas se han vuelto más templadas.

Los científicos han descubierto recientemente que es la proteína criptocroma la que actúa permitiendo que la luz recibida del sol llegue a las células, guiando a las monarcas para encontrar los mismos árboles todos los años y permitiéndole acomodar sus horarios de vuelo. Este mecanismo es único en el reino animal. Es por tanto el sol el que marca su ritmo de viaje, que se inicia cada día cuando el sol caliente y termina al atardecer.

El espectáculo de la migración de la mariposa monarca

La longevidad de esta especie de mariposas, muy superior a otras que viven un día o a lo sumo una semana, permite que en un mismo grupo convivan tres generaciones. Cada jornada del largo viaje pueden recorrer alrededor de 120 kilómetros, manteniéndose a salvo de sus posibles depredadores gracias al olor y sabor desagradable que les proporcionan las plantas de las que se alimentan y a su suerte colorido, que se interpreta como peligroso y mortal en el reino animal.

Su migración, en la que participan unos 120 millones de ejemplares al año, es un auténtico espectáculo de nubes naranjas y protagoniza una acción polinizadora clave. Los ejemplares de mariposa monarca pesan no más allá de un gramo y miden, con las alas abiertas, alrededor de 11 centímetros.