La restrictiva legislación vigente desde la llegada a España de la Encefalopatía Espongiforme Bovina, más conocida como el “mal de las vacas locas”, ha hecho que disminuyan considerablemente en nuestro país las poblaciones de buitres y alimoches. Además, podría afectar también a la supervivencia del oso pardo.
Estas conclusiones fueron las que alcanzaron, el pasado mes de julio, los participantes en las III Jornadas sobre Buitres, celebradas en Plasencia (Cáceres). Ahora, los estudios realizados sobre diversas poblaciones en Asturias, vienen a confirmarlas, ya que el número de ejemplar ha disminuido considerablemente en los últimos años.

Tras la crisis sufrida por el buitre leonado en los años ochenta del siglo pasado – superada gracias al Fondo Asturiano para la Protección de los Animales Salvajes, que recaudó fondos para su alimentación e intentó concienciar sobre el uso de venenos y la importancia del papel ecológico y sanitario de estos animales- se produjo un espectacular incremento de su población, que ahora ha vuelto a verse disminuida considerablemente.
La principal causa, como decíamos antes, es el hambre, ya que desde que se prohibió abandonar animales muertos o llevarlos a los muladares, los buitres han perdido su fuente de alimentación básica. Y no sólo porque mueran de hambre, sino porque la falta de alimento disminuye considerablemente las probabilidades de supervivencia de las crías, que fallecen con más facilidad de la habitual.

Este problema no concierne sólo a la región asturiana, sino que afecta a todo el territorio español. Por eso se ha producido también un incremento de los ataques de buitres a animales enfermos o débiles, que en una situación normal se producirían con menor frecuencia. Asimismo, los buitres buscan comida en lugares diferentes, compitiendo por ejemplo con el alimoche, cuya población también ha disminuido, que suele alimentarse de carroña procedente de animales de menor tamaño. La falta de alimento, según se indicó en las jornadas antes citadas, podría afectar también al oso pardo, que come carroña tras despertar de su periodo de hibernación para satisfacer su necesidad de proteínas.
Otras prácticas y circunstancias han contribuido a hacer más notable el descenso de la población, como el uso de venenos (tanto directa como indirectamente, a través de cebos para matar a lobos y zorros o de sustancias empleadas como plaguicidas, raticidas etcétera), o la instalación de parques eólicos, que producen cierta mortalidad por colisión y hacen que, para evitar volar junto a ellos, los buitres se alejen de su área habitual de campeo para buscar comida.






[...] Trampas fotográficas formadas por cámaras de disparo automático instaladas en los montes del Principado de Asturias consiguen diez mil imágenes que nos descubren aspectos ocultos del oso pardo del Cantábrico. [...]